
El pasado viernes se celebró la boda de Analía.
Despues de probar y probar vestidos de fiesta ... me dije que ni hablar, de eso nada. Con lo monísima que estoy con mi traje negro, palabra de honor, recicladísimo de hace siglos. Y como dicen que a la preñadas se les perdona todo...que mejor excusa.
El caso es que nos lo pasamos muy bien, a pesar de ser los primeros en irnos. Y es que de estar tanto tiempo sentada en la cena, la espalda comenzó a resentirse. Pero a pesar de todo, nos echamos unos bailes, por mi parte un poco ortopédicos por eso de mover la cintura, y luego directos a casa.
La novia guapísima, el sitio estupendo, y la comida muy rica. Y lo mejor de todo, la compañía.
La semana que viene nos espera otra boda. Y allí me plantaré con mi super vestido reciclado, y mi barrigota prominente a darlo todo.
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